Los pinceles son una herramienta frágil, si además es de calidad, su costo puede ser muy elevado a causa de las materias que lo integran como pelos naturales, fibras o cerdas, virolas y mangos y su fabricación artesanal. Como toda materia delicada, el polvo, las altas temperaturas o un inadecuado almacenamiento y limpieza de los mismos pueden modificar de forma irreversible la estructura del pelo o de la fibra y, por tanto, dejarlos inservible para su uso.
Muchas veces tenemos el descuidado hábito de dejar sumergido el pincel dentro del agua cuando no lo usamos por un tiempo. La naturaleza capilar del pelo, su estructura molecular y la madera del mango, hacen que el pincel funcione como una esponja, absorbiendo el líquido, aumentando su volumen hasta un 15%, que perjudica seriamente la vida del pelo, la efectividad del adhesivo e incluso la seguridad del casquillo metálico. Si trabajando, sumergimos el pincel en agua para ahorrarnos la siempre engorrosa tarea de limpiarlo, en teoría debemos mantenerlo el mismo tiempo fuera de ella, a fin de que expulse el líquido absorbido.
Trabajando con pinturas al agua, la limpieza es relativamente fácil: exponiendo el mechón debajo del chorro del agua y ayudándonos con la yema de los dedos, podemos dejar el haz de pelos limpio. Debiendo procurar que no queden restos de pintura en el corazón del mechón, ya que al secarse los pigmentos, estos tenderán a abrirlo.
Si el producto es oleaginoso se requiere la ayuda de un diluyente o aguarrás -hay firmas que comercializan productos preparados para este fin muy efectivos, a los que les han eliminado el mal olor-, igualmente nuestros dedos, un jabón neutro a continuación, agua en abundancia, secado en toalla o papel absorbente, y por último el consejo de siempre, humedecer el mechón con aceite de oliva y nuevamente con los dedos intentemos dejar el mechón con la forma como lo hemos encontrado al adquirirlo.
Por último y en cualquiera de los caso los pinceles deben guardarse de forma que el mechón de pelos no tenga ningún contacto físico (nunca guardarlos en forma vertical hacia abajo), lo ideal es dejarlos en forma vertical con las cerdas hacia arriba.